Explica qué partes fueron redactadas por personas y cuáles contaron con apoyo de IA, incluyendo el tipo de ayuda: borradores, estructura, ideación o verificación. Precisa la supervisión humana realizada y el nivel de edición final. Evita ambigüedades que parezcan encubrir atajos o falsear créditos. Esta honestidad no solo protege la reputación, también anima a quienes leen a aportar mejoras, nuevos datos y perspectivas que fortalezcan el resultado colectivo.
Solicita y conserva referencias, enlaces o bases consultadas, indicando su confiabilidad y fecha. Pide que la IA resuma por qué eligió ciertos argumentos y descarte otros, explicitando supuestos. Así resulta más fácil replicar análisis, detectar errores y actualizar conclusiones con nueva evidencia. Una cultura de trazabilidad minimiza controversias, simplifica auditorías internas y acelera la revisión por pares, sosteniendo decisiones más sólidas y defendibles ante auditorías externas o preguntas difíciles.
Agradece la labor humana de curaduría, edición y criterio, junto con la asistencia técnica usada para acelerar tareas. Nombra equipos, cita contribuciones y, si procede, comparte plantillas de prompts y procedimientos. Reconocer esfuerzos crea pertenencia, reduce resistencias y cimenta una colaboración saludable. Cuando las personas se sienten valoradas, se animan a proponer mejores prácticas, destapar errores tempranamente y mantener estándares éticos altos en cada entrega, reunión o publicación relevante.